Un pequeño olvido

Su vida ha estado llena de mentiras, aunque no ha sido ella las que las ha vivido. ¿A quién no le ha tocado fingir?

Fingió que le gustaba el puré del único calabacín que dio la huerta que su padre cuidó todo un verano.

Fingió que le gustaba el jersey de lana rosa que le regaló su abuela por la niña bonita. Y que no picaba.

Fingió que le gustaba el vestido de su diplomatura, pero solo porque a él le ponía el rojo.

Luego fingió que le gustaban los diamantes por no hacerle un feo, y así aceptó uno tras otro con una sonrisa. También aquel.

Bueno, que fingió lo que es clásico fingir ¿no? (Tal vez no)

¡Es esa! Esa de allá, la que se besa con aquel morenazo en el pasillo de…de los preservativos!.

Vaya. Se le ha olvidado que debería fingir que no le gusta estar ahí.

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